29 de octubre de 2026
Tragedia
A veces basta un instante para que la vida cambie. En las imágenes que nos llegan del accidente ferroviario hay personas, familias y vidas que, de repente, se han paralizado.
Quizá muchos de nosotros conocimos la noticia mientras íbamos a clase, en el metro o desayunando o mirábamos el móvil. Por lo general, la actualidad pasa deprisa, y enseguida aparece otra noticia y olvidamos la anterior. Sin embargo hay realidades ante las que nuestra naturaleza nos hace pararnos. Hoy es uno de esos días.
Ante estas situaciones, no siempre sabemos qué decir. Tampoco tenemos respuestas para explicar por qué suceden estas cosas. Y, aunque a veces parezca que no podemos hacer demasiado desde la distancia, tenemos una forma de acercarnos a quienes están sufriendo: la oración.
Rezar por las víctimas, por sus familias, por los heridos y por todos los que están trabajando para atenderles. Tenerles presentes, poner sus nombres —aunque no los conozcamos— ante Dios y pedir que encuentren fuerza y consuelo en medio de una situación que nunca habrían imaginado vivir.
Puede parecer un gesto insignificante, especialmente cuando no les conocemos. Pero rezar también es una forma de acompañar. Es recordar que no nos resulta indiferente su sufrimiento, que sus vidas nos importan y que, incluso cuando no podemos estar presentes, podemos estar con ellos.
Hoy basta con detenernos, dedicar un momento a quienes sufren y no pasar página demasiado deprisa.
Ojalá que hoy nuestra oración sea una forma de estar cerca de quienes más lo necesitan.
Os invitamos a unirnos en un minuto de silencio que acabe con un PADRENUESTRO.
